martes, 22 de setembro de 2020

Equinoccio

 

La entrada en el otoño, al igual que ocurre con la primavera, se produce en uno de los puntos que denominamos "equinoccio". Esta palabra procede del latín, concretamente del vocablo aequinoctium, que etimológicamente significaría “igualación de la noche” y ello hace referencia a la igual duración del día y la noche durante ese día. Un hecho que no pasa en un lugar concreto de la Tierra sino en todo el planeta, a excepción de las regiones polares.

¿Qué tiene de especial el equinoccio?

Ahora bien, ¿qué ocurre en un equinoccio para que se den estas circunstancias? Para podernos hacer a la idea debemos empezar recordando que la Tierra, como los demás planetas, da vueltas en órbita alrededor del Sol. La Tierra tarda un poco más de 365 días en completar su período orbital, una vuelta alrededor del Sol es por tanto un año.

Superpuesto a este movimiento, la Tierra da vueltas sobre ella misma en el denominado movimiento de rotación. En este caso el período es de aproximadamente 24 horas, la definición de un día.

Orientación de la Tierra respecto del Sol

El detalle clave de la historia es el hecho que la Tierra gira ligeramente inclinada, concretamente con un ángulo de unos 23 grados y medio, de manera que mientras recorre su camino alrededor del Sol se sitúa en orientaciones diferentes dando lugar a las diversas estaciones del año.

Por tanto las estaciones no tienen ninguna relación con la proximidad o lejanía de la Tierra al Sol, sino que lo que las genera es la orientación de la Tierra respecto de nuestra estrella.

Distinta estación en función del hemisferio

Así durante el verano boreal la Tierra está orientada de forma que el hemisferio norte del planeta es el que está ‘apuntando’ hacia el Sol mientras que en el invierno boreal es el hemisferio sur el que apunta más directamente hacia el Sol y el norte en cambio recibe los rayos solares de forma más inclinada.

Así pues ya vemos que el comportamiento del hemisferio norte y del sur va a ser completamente contrapuesto, siendo invierno en el sur cuando es verano en el norte y viceversa, teniendo las estaciones completamente invertidas.

Otoño en el norte, primavera en el sur

En los equinoccios lo que se produce es una situación intermedia entre los dos casos anteriores. En estos días ambos hemisferios están igualmente orientados hacia el Sol y desde el punto de vista astronómico se dice que el Sol se sitúa en el ecuador celeste, la prolongación imaginaria del ecuador de la Tierra.

Esta situación como ya podemos imaginar se produce dos veces al año, una alrededor del 20-21 de marzo y la otra en las fechas que nos ocupa alrededor del 22-23 de septiembre. el Equinoccio de marzo es el que se suele denominar de ‘primavera’ porque es cuando empieza esta estación en el hemisferio norte, y el de septiembre se designa como de ‘otoño’ por empezar la misma en los emplazamientos boreales. Pero tal y como ya hemos dicho, en el hemisferio sur las estaciones se comportan a la inversa y por tanto empieza el otoño en marzo y la primavera en septiembre.

¿Cómo veremos el Sol?

La posición del Sol en el denominado ecuador celeste hace que estos días de equinoccio el Sol salga exactamente por el punto cardinal este y se ponga exactamente por el punto cardinal oeste, mientras el resto del año lo hace algo más al norte o más al sur según la estación. Por ese motivo el recorrido del Sol por encima del horizonte es de 12 horas y por debajo otras 12 horas y tenemos la “igualdad de la noche” que reza la palabra Equinoccio.

Así pues el próximo día 23 vamos a tener el siguiente cambio de estación con el Equinoccio de Otoño para los habitantes del hemisferio norte y si vemos salir o ponerse el Sol podremos identificar exactamente el punto cardinal este (salida) u oeste (puesta) tal y como hacían los antiguos para alinear sus construcciones y megalitos







En el hemisferio norte, el equinoccio de otoño del 2020 será el martes 22 de septiembre de 2020 a las 15:31h. (hora peninsular).  La estación durará 89 días y 20 horas, y finalizará el 21 de diciembre con la llegada del invierno, según datos del Observatorio Astronómico Nacional.

El equinoccio de otoño fue visto por las culturas antiguas como el tiempo de la cosecha y también representa la caída de las hojas, la migración de las aves, la vendimia y el comienzo de la temporada más fría del año. Sin embargo, en el hemisferio sur sucede el equinoccio de primavera, y el ambiente entonces se llena de luminosidad y fertilidad.

Las características del equinoccio

El término equinoccio proviene del latín “aequinoctium”, que significa literalmente “noche igual” y esto se debe a que el Sol cruza el ecuador celeste de la Tierra, logrando que sus rayos incidan de la misma manera en el hemisferio norte y en el sur y por lo tanto, el día tiene la misma duración que la noche en todos los lugares del planeta.

En el momento en que se produce el equinoccio de otoño en el hemisferio norte, el día y la noche duran casi lo mismo, por lo que en la antigüedad se creía que la llegada de esta estación marcaba un periodo de equilibrio en el mundo.

Y este fenómeno puede suceder entre el 21 y 23 de septiembre de cada año, pero la fecha oficial del equinoccio cambia debido a que el periodo orbital de la tierra no es exacto, tarda 365,24 días en dar una vuelta completa al Sol y por lo tanto, su rotación tiene algunas variaciones en el tiempo y un desfase que se ajusta en los años bisiestos.

Para las personas que les gusta observar a los astros, durante todo el otoño Marte será visible al amanecer y tras la puesta de Sol se verán Venus, Saturno y Júpiter; pero el 11 de noviembre se producirá un tránsito de Mercurio por delante del Sol que será visible en América, África y Europa, un fenómeno que sin duda representa un espectáculo especial en nuestra bóveda celeste.

El misticismo del otoño

Pero el otoño, como todas las estaciones del año, tiene una carga de misticismo muy especial desde las culturas de la antigüedad, ya que se relaciona con la época de la cosecha y la preparación para el invierno, en un periodo de transición que busca el equilibrio y la tranquilidad.

En las épocas pasadas, era también el último periodo que se tenía para aprovechar la luz solar en actividades del campo antes de pasar al invierno, una temporada en donde todo escaseaba y el fío complicada la vida de las personas; por lo tanto, el otoño jugaba un papel fundamental en esta transición de la luminosidad y lo radiante del verano, a la inmovilidad que representaban los últimos meses del año, a la espera nuevamente del resurgimiento de la vida con la llegada de la primavera.









Cualquier momento es bueno para visitar esta joya prerrománica, pero si se puede escoger, la fecha ideal es en uno de los equinoccios, es decir, en el primer día de la primavera o el primero del otoño. La iglesia está orientada de tal forma que los primeros rayos de luz de esa jornada atraviesan longitudinalmente las espigadas ventanas del edificio y crean en la parte posterior un efecto fabuloso: de la capilla parece surgir una estrella de luz de seis puntas. Es habitual que en esas fechas se junte un buen grupo de personas para observar el efecto; el punto exacto desde el que hay que hacer guardia está señalado en el piso del jardín.

En el entorno de San Miguel hay, por cierto, vestigios que indican que la zona fue lugar de veneración mucho antes de construirse el oratorio, pues una de las piedras de la huerta podría haberse utilizado en tiempos antiguos para venerar al sol





https://www.verdantexperiences.com/es/blog/equinoccio-capilla-san-miguel-celanova

 

 

 

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